Todos reconocemos estos nombres: Hitler, Goebbels, Himmler, Göring… Los sabemos artífices de los campos de concentración y las cámaras de gas. Pero, ¿estuvieron realmente presentes en el día a día de los prisioneros?
Desde nuestro presente, podría parecernos que cualquier persona que sobreviviera a Auschwitz-Birkenau debió ver, aunque fuera una vez, a alguno de los grandes perpetradores del genocidio. Sin embargo, los testimonios de quienes estuvieron allí apuntan a una realidad algo diferente.
Los supervivientes relatan que en el campo de concentración se estableció una rígida jerarquía. El famoso «yo solo estaba siguiendo órdenes» no era del todo una mentira, pero tampoco justifica que ellos eran quienes ejecutaban esas órdenes.
En los campos de concentración, el grado más alto era el Lagercommandant: Rudolf Höss en Auschwitz y Josef Kramer en Birkenau.
A partir de ahí, el poder iba descendiendo en la escala hasta llegar a la figura del kapo. En un punto intermedio estaban los médicos jefes, los jefes de barracón, los responsables de trabajo, los temidos SS —la Schutzstaffel, compuesta por hombres jóvenes—, y las crueles mujeres capataces.
Prisioneros convertidos en jefes: los kapos
Al contrario de lo que se cree, en Auschwitz no solo había judíos, presos políticos o personas pertenecientes a minorías. También había alemanes arios, muchos de ellos delincuentes o criminales comunes.
A pesar de ser los únicos que cumplían una condena real, tenían un trato preferente: se les permitía dormir en habitaciones separadas de los barracones, comían mejor e incluso vestían bien, según aseguran los propios supervivientes.
Lo más sorprendente de todo es que a este grupo se le concedió el poder sobre el resto de los prisioneros, y muchos terminaron siendo más temibles que los propios SS. El superviviente Jean Améry afirmó que, literalmente, los kapos habían “aplastado con el pie a algunos prisioneros hasta matarlos”.
No obstante, es posible que una minoría fingiera brutalidad para poder disfrutar de esas condiciones preferentes y salvar así sus vidas. Un «sálvese quien pueda» en un lugar donde un instante de mala suerte podía decidir tu destino.

‘La habitación de un kapo’. Fotografía de elaboración propia en el ©Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau.
Bestias nazis: la crueldad llevada al extremo
Los SS eran los nazis encargados de vigilar los campos, y por lo tanto, las personas a las que los prisioneros veían a diario. No a Hitler, ni a Goebbels. De hecho, los testimonios confirman que la única figura de alto rango que visitaba Auschwitz era Heinrich Himmler, y lo hizo en contadas ocasiones.
La maldad de las SS no tenía límites. Pasaban los días borrachos, como aseguran los supervivientes, quienes los definen como personas sádicas. Su actitud era pedante y cruel, pues según una superviviente, no habrían dejado de reír “desde que comenzaron las gasificaciones en masa”.
Entre todos lograron que Auschwitz fuese un lugar sin humanidad, donde cada persona con un mínimo nivel de autoridad se creía con derecho a ejercer la violencia contra el siguiente en el escalafón.

Foto de Ed Hinchliffe en Unsplash
El contacto de los supervivientes con los grandes dirigentes del nazismo fue mínimo. En cambio, en sus relatos aparecen nombres como Adolf Taube, Margot Drechsel o María Mandel, recordados precisamente por su crueldad.
Varias supervivientes señalan a Taube —SS Unterscharführer— como un hombre brutal, “conocido por su forma de pegar a las mujeres”. También a Margot Drechsel, a quien se refieren como ‘La Drexler’ o ‘Drechsel’, de quien decían llevaba el odio marcado en su “rostro cadavérico” y que enganchaba “con su bastón” a las prisioneras.
Primeros encuentros con el Doctor Mengele
Si en Auschwitz hubo una excepción a la ausencia de figuras reconocidas, fue Josef Mengele, el “ángel de la muerte”. Su nombre es uno de los más conocidos del Holocausto, y en este caso también se encontraba allí presente.
De hecho, era de las primeras personas con las que se encontraban los prisioneros al llegar al campo. Famoso por sus horribles experimentos, no actuó solo. Horst Schuman también dejó rastro del horror, conocido como “castrador y esterilizador de Auschwitz”.
La principal función de Mengele en la Judenrampe —la rampa a la que llegaban los vagones de ganado cargados de personas deportadas—, era dirigir «la primera gran selección» de deportados.

‘La primera gran selección’. Fotografía expuesta en el ©Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau.
Allí se dividían dos filas: a la derecha, quienes eran considerados aptos para trabajar; a la izquierda, los enviados directamente a las cámaras de gas: ancianos, niños y personas que consideraban débiles o no aptas para el trabajo forzado.
Según el testimonio de Eddy de Wind, su entonces esposa, Friedel, fue testigo de los experimentos que realizaban los llamados «doctores» con mujeres a las que, aseguró, “abrasan por dentro”, causándoles la muerte en la mayoría de los casos.
¿Y dónde estaba Adolf Hitler?
En los relatos escritos por los supervivientes apenas aparece Adolf Hitler. Cuando lo nombran, es para describir los instantes previos a la deportación, pero nunca porque hubiera un contacto directo con él.
No obstante, este hecho está muy lejos de sostener las mentiras negacionistas. Si bien es cierto que no existe ninguna orden directa de Hitler que decretara las gasificaciones en masa, es evidente que el propio sistema no podría haber existido sin él. Fue «la mano que mece la cuna».
En definitiva, los supervivientes trataron siempre de poner el foco en las víctimas. Nosotros, desde la distancia del presente, también podemos volver la mirada a donde debe estar. Solo así honramos a las personas cuya dignidad les fue arrebatada por la extrema maldad de aquellos que, de un modo u otro, participaron en el Holocausto.
Imagen destacada: Foto de Mert Kahveci en Unsplash
